¡Oh, Capitán…!

Yo, que crecí viendo sonrisas y lágrimas, que después de vivir un día estupendo acabo de llegar a casa con una sonrisa en la cara, sin meterme con nadie, sin pedir peras al olmo…
Después de haber evitado elegantemente el debate y los chascarrillos en los bares, las estadísticas infames, la demagogia barata, después de haber apagado la tele y pedido cuidadosamente que me excluyan de la propaganda electoral.
Y aún así, me lo he encontrado.
Fascismo puro y duro, en mi buzón, en mi propia puerta, en mi puta cara.
No una, sino dos veces, un panfleto por tonta, otro por si lo pierdes.
Y de pronto, una escena que de niña vi mil veces, que para mi no era más que El Capitán rompiendo un trapo, cobra un nuevo significado. Soy yo, somos nosotras. Somos todas.
Ras, ras. A reciclar. Gasto inútil de arbolitos.
No puedo sentir más que asco por la normalización social del fascismo, no puedo sentir más que orgullo por todo lo que llevamos caminado, y caminando, y lo que nos queda.
Como se escuchaba en el Patio Maravillas:
“Nos quieren en soledad, nos tendrán en común”
Me declaro en modo ahorro de energía hasta nueva orden, mi herramienta de trabajo la tengo clara.
Este domingo nos vemos en las urnas, amig@s. El lunes ya es tarde #Nopasarán
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